Acabamos de finalizar un año convulso en el que la crisis sanitaria, social y económica ha impactado con mucha fuerza. Ahora más que nunca, debemos hacer frente a varios desafíos entre los que se encuentra una mayor digitalización, más inversión en investigación y desarrollo y un impulso aún mayor a la educación.

En 2020 las entidades que nos dedicamos a la formación hemos tenido que abordar un cambio sin precedentes, en el que además del giro de la formación presencial a la formación online, hemos incorporado nuevas metodologías y procesos para el desarrollo de competencias y para la utilización de estas nuevas herramientas incluso entre colectivos con brecha digital de uso. Simultáneamente hemos transformado una clase magistral impartida mediante video-conferencia en un espacio de aprendizaje vivencial y experimental.

Sin embargo, este proceso no ha finalizado. Tenemos mucho camino por recorrer en un entorno en el que la automatización de los procesos está cambiando los modelos productivos y máxime, si como aseguran muchos expertos, alcanzamos la singularidad tecnológica antes de 2050.

STEM, soft skills y el futuro del trabajo

En este escenario de cambio en la educación importa el cómo: formación online vs formación presencial o híbrida, microacreditaciones vs formación universitaria, pero también importa el qué: cuáles son los programas formativos a desarrollar.

Los expertos y las tendencias del mercado laboral apuntan la necesidad de reforzar y fomentar los programas de educación STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) pero también es necesario desarrollar formación en soft skills, y de creatividad y de arte, áreas que la tecnología no podrá automatizar.

Crecerá la demanda de puestos de trabajo para analistas de datos, inteligencia artificial y machine learning, big data, ciberseguridad y marketing digital, entre otros. Decrecerá la demanda de grabadores de datos, empleos administrativos y operaciones de montaje y fabricación. Seguirán siendo necesarias las profesiones de las áreas sociales y sanitarias como atención sociosanitaria, trabajo social y la docencia. Además los empleados de cualquier ámbito deberán tener cada vez más competencias blandas como pensamiento analítico, innovación, liderazgo, gestión de equipos de trabajo, entre otras.

La formación en nuevas materias y la actualización de conocimientos constante es ineludible. El Foro Económico Mundial estima que en 2025 el 50% de los trabajadores deberán volver a formarse, y predice que el retorno de la inversión en reskilling y upskilling será muy rápido para las empresas.

Aprovechemos el desafío.

 

 

Si te interesa cómo la inteligencia artificial contribuirá al desarrollo de la educación y el empleo, te recomiendo que escuches esta entrevista con Kai-Fu Lee, el científico que desarrolló el primer sistema de reconocimiento de voz:

 

 

Carmen Rodríguez López

Directora del Área de Formación y Proyectos Sociales

crodriguez@idelnet.com