Los cambios socioeconómicos son cada vez más radicales y se producen en intervalos más cortos de tiempo. Las revoluciones, concebidas como cambios bruscos en la forma en que la sociedad se organiza, implican nuevos retos y para que éstos sean positivos deben integrar a toda la población.

Desde hace décadas estamos siendo partícipes de una revolución verde y digital que afecta cada vez más a nuestra vida diaria y que la COVID 19 ha acelerado de forma exponencial.

La formación en este contexto es cada vez más necesaria y han surgido conceptos como el upskilling y reskilling que lo que pretenden es adaptar las competencias de los profesionales a los nuevos entornos.

 

Upskilling

 

La Unión Europea destaca la importancia del desarrollo de upskilling y reskilling para la transición verde y la transición digital

 

Reskilling

 

 

Upskilling y reskilling, reinventarse para las profesiones del futuro (y del presente)

Sin embargo, no pensemos que exclusivamente tenemos que desarrollar formación en el ámbito de la ingeniería y de las telecomunicaciones. Nos enfrentamos a retos en varios niveles.

Por una parte, es necesaria la especialización de profesionales en sectores nuevos y complejos: a modo de ejemplo hay una carencia de 291.000 profesionales de ciberseguridad según datos de marzo de este año de la Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad (ENISA)

Por otra parte, es cada vez más necesaria la incorporación en el mercado laboral tanto de profesionales con menor cualificación, como de aquellos colectivos, que teniendo o no formación, se encuentran en mayor riesgo de exclusión del mercado laboral. Especialmente este año, que la pandemia ha afectado en mayor medida a las personas más vulnerables.

Entre estos colectivos se encuentran los jóvenes y lo que ya se denomina la “lockdown generation”. Los jóvenes menores de 25 años están sufriendo tres grandes problemas:

  • Pérdida de empleo.
  • Barreras adicionales en el acceso al empleo.
  • Interrupción de sus actividades de educación y formación.

No solamente hay que abordar cuestiones como el cambio de la modalidad de formación de presencial a online, reforzando los puntos fuertes y mitigando los débiles de este sistema, sino que como sociedad tenemos que impulsar la motivación de nuestros jóvenes. Jóvenes como los que han tenido que abandonar su formación fuera de su país en un contexto multicultural que enriquecía su aprendizaje, o aquellos/as que no han podido desarrollar las prácticas de sus estudios en un entorno laboral por la pandemia.

Personal joven con y sin estudios, personas mayores con más o menos formación, para todos/as nosotros/as cada vez es más necesaria la formación a lo largo de la vida’ que hace varias décadas impulsó la Unión Europea.

En el contexto actual, la Unión Europea ha diseñado la Agenda Europea de Capacidades. Entre sus objetivos se plantea que en los próximos 5 años 120 millones de adultos participen en actividades de aprendizaje cada año (lo que supondría un aumento del 32% respecto de la situación actual), y lo que es todavía más relevante: se espera que se incremente en un 67% (respecto de la situación actual) el número de adultos no cualificados que participen en actividades de aprendizaje cada año.

En conclusión, junto a la promesa de leaving no one behind de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, tenemos que seguir impulsando la formación de todos los grupos profesionales cualificados y no cualificados para alcanzar una sociedad próspera y resiliente.

 

Carmen Rodríguez López

Directora del Área de Formación y Proyectos Sociales

crodriguez@idelnet.com